El Chillido del Águila Harpía (EN EL NIDO)

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El silencio reinante en el bosque fue roto por el chillido
penetrante y agudo de un águila hembra, en señal de que
estaba protegiendo al pichón y defendiendo su territorio.

2da. Entrega  /  Lea también la 1ra. Entrega

Por: Gilberto López – CNP 3618
redaccion@parajesandinos.com.ve
Narrado por su protagonista: Luis Alfredo López
gerencia@parajesandinos.com.ve
Material audiovisual: Parajes Andinos

DEBAJO DEL ÁRBOL

Tal y como lo pautamos, como a las 8 y 30 de la mañana siguiente salimos al monte con destino a uno de los 85 nidos de águila harpía que se encuentran en un sector llamado La Bota, del municipio Padre Pedro Chien. Para llegar allá pasamos por el caserío Chaguaramal y atravesamos varias fincas de mucha actividad agrícola y ganadera, hasta alcanzar la parte boscosa de una de ellas, donde se encuentra el árbol con el nido y cuyo propietario nos dio el permiso para entrar a sus predios.

Contó el investigador Alexander Blanco que estas sabanas que rodean el bosque, originalmente eran zonas de la selva de Imataca, hasta que hace unos 50 años, el hombre, quizás sin percatarse del daño que ocasionaba a la naturaleza, tumbó los grandes árboles para la extracción de la madera y en una especie de nueva colonización realizó una gran deforestación del lugar, parcelando grandes extensiones de terreno, y lo que fue una selva tropical de rica flora y variada fauna, ahora es una gran extensión de terreno de pasto para ganado.

Dejamos el vehículo a cierta distancia del bosque, que el experto califica como “un bosque primario”, y continuamos a pie por un sendero que aprovechamos para observar la gran variedad de aves que se nos cruzaban por el camino, hasta llegar a la parte del monte donde se encuentra el árbol, en cuyo tronco y a gran altura se divisa desde lejos el nido que previamente tenían seleccionado para esta práctica.

Ya cerca de la base del gigantesco árbol, el experto en águilas nos explicó de manera sencilla la forma como realizan sus actividades de investigación y de avistamiento para la Fundación Esfera. Dijo que todos los árboles donde las harpías hacen sus nidos están cerca o en la orilla de algún cuerpo de agua o río, y la razón principal es que allí acuden todos los animales del bosque y es más fácil para ellas cazar, además de ser puntos estratégicos para vigilar todo el territorio donde habitan.

Señaló que el árbol ideal para construir el nido siempre es el más alto o que esté entre los más altos del bosque, y que tenga una estructura idónea en la zona central del tronco o en la horqueta principal, para hacer allí lo que vendría a ser su vivienda para toda la vida, al menos que tumben el árbol o se caiga. Hay nidos que llegan a medir hasta 3 metros de diámetro.

Una vez en la base del árbol nos llamó la atención que justamente debajo del nido había restos de un cachicamo, a lo que Alexander reveló que generalmente cuando ellos están explorando para buscar un nido, siempre examinan bien que haya excremento y restos de animales en la base del tronco, porque eso es indicativo que ese es un “árbol nido”.

Los restos de animales así como las muestras de excrementos los llevan al laboratorio para hacerle su correspondiente estudio y evaluación, y poder determinar cuál es el tipo de presa que están consumiendo las águilas, lo que va a depender de la disponibilidad en el área, porque si las zonas cercanas al nido están intervenidas se modifica el comportamiento del ave, y puede ser que en lugar de comer solamente animales arborícolas consuman también animales terrestres como el cachicamo, y eso es porque salen a cazar a la sabana. Este cambio en la dieta del águila va a influir en su comportamiento.

–Este es un árbol de aceite, dijo Alexander con toda la autoridad que le corresponde como conocedor del lugar donde habita el ave. Señaló que hasta donde se encuentra el nido hay unos 40 metros de altura y que generalmente el promedio de los nidos que tienen localizados en toda la sierra está entre los 40 a 45 metros de altura, aunque hay nidos que se encuentran en árboles de 65 metros.

Lo que antes era sabanas y bosques,
ahora es una gran extensión de terreno
de pasto para ganado

Inolvidable experiencia en contacto
directo con nuestra Madre Tierra

El árbol ideal donde el águila harpía
construye su nido, siempre es el más alto

EL CHILLIDO DEL ÁGUILA

Al llegar con mucho cuidado a la base del gigantesco árbol, el silencio reinante en el bosque fue roto por el chillido penetrante y agudo de un águila hembra, señalando que estaba protegiendo a su pichón y defendiendo su territorio. Por largo rato todos en el grupo permanecimos callados hasta que de repente el agudo chillido del pichón anunciaba que se acercaba su padre con la presa para darle alimento.

Así, con binoculares el equipo de Parajes Andinos pudo observar uno de los espectáculos más nobles de la naturaleza animal, el padre alimentando a la hembra y su pichón. Es algo espectacular, el macho llegó al nido con la presa en las garras, entró al nido, vimos cómo se la entregaba y como el macho le reclamaba algo a la hembra… Como si la regañara…. Son experiencias extraordinarias que suceden pocas veces.

Alexander explicó que parte de su trabajo con las águilas harpías consiste en identificar al ave cuando es pichón y se encuentre todavía en el nido bajo la tutela de sus padres, pero para eso tienen que bajarlo, lo cual es una tarea de alto riesgo.

 

–Para bajar al pichón esperamos que esté más grandecito, que es cuando los padres aprovechan para salir juntos a buscar alimento y lo dejan solo. Entonces le agarramos el tiempo que tardan en regresar. Cuando se ausentan de nuevo subimos por una cuerda que lanzamos con un equipo especial hasta alcanzar alguna rama cercana al nido.

Es en este corto lapso de tiempo que aprovechan para agarrar al pichón, lo bajan y hacen el trabajo de documentación, esto es: marcaje con un nombre que le asignan, lo miden, pesan y colocan el anillo de trasmisión satelital en una de las patas con un código de registro, que permite a los investigadores hacerle seguimiento en sus traslados por la selva. Luego suben al pichón nuevamente al nido como si no ha pasado nada. Todo eso antes de que regresen los padres.

–Cuando se tiene agarrado a un pichón y aletea como para soltarse, hay que agarrarlo muy fuerte, porque si en un descuido se llega a soltar te hiere en milésimas de segundo y es capaz de levantar a uno. Eso sucede mucho cuando los estamos marcando. Tienen una fuerza brutal.

–La experiencia de ver un águila harpía en su propio hábitat natural, es de una emoción extraordinaria. Sentir y escuchar su agudo chillido es estremecedor e impresionante, y más aún, tenerla en las manos convierte esa experiencia en algo tan maravilloso y único, que pocas personas en el mundo pueden tener esa posibilidad, añadió con gran emoción.

Se le planteo a Alexander la posibilidad de subir hasta el nido a lo que respondió: “En estos momentos hacer eso es muy peligroso porque el pichón está muy pequeño y puede haber un ataque”. En ese sentido contó que con todo y la experiencia que tiene, ha sufrido varios ataques allá arriba.

–Una vez un águila macho, que es más pequeño que la hembra, me atacó cuando me acercaba al nido, logre esconderme detrás de una rama de otro árbol vecino, que pegaba con el árbol donde estaba el nido, pero el espacio no era suficiente para protegerme; el águila me buscaba hasta que pudo atacarme. Lo que sentí fue un matracazo muy fuerte, me dio con los puños que hizo que yo escupiera un poquito de sangre.

–Don Blas que estaba abajo creyó que el águila me había reventado, pero eso fue medio chaflaneao. Son 120 kilómetros por hora que puede desarrollar de impacto ese golpe de ala. Afortunadamente el águila no tenía espacio para abrir las garras por lo tupido de las ramas, sino me destroza. El golpe fue duro.

A nuestra llegada, el chillido
penetrante y agudo del águila hembra,
rompe el silencio reinante en el 
bosque

Tres generaciones en acción;
Alexander Blanco, Don Blas
y el joven “El Geremís”


107 nidos monitoreados a nivel nacional,
de ellos 85 están ubicados en El Palmar

Restos de lo que fue un cachicamo,
encontrado en la base del “árbol nido”

Recordó que en ese momento cuando el águila lo atacaba el nieto de Don Blas, El Geremís, iba subiendo en una jaula. “Tranquilo que no te va a atacar, le dijimos, pero que va, el águila también lo atacó de tal forma que el golpe fue tan fuerte que dobló las cabillas de la jaula, lo que dejó al muchacho allá arriba paralizado. El animal se devolvió para atacarlo de nuevo, pero dio la vuelta y se fue. El águila abajo no ataca, ella defiende su hogar allá arriba”.

EL ÁGUILA EN PELIGRO

Durante el desarrollo de la conversación y como fondo los penetrantes chillidos de las águilas, surgió la pregunta obligatoria: ¿En Venezuela está en peligro de extinción el águila harpía?

–Si claro que sí… Bueno, ya desde un peligro físico no lo está. Aquí en Venezuela la estamos sacando del peligro físico a un estatus menor que se llama “vulnerable”, que quiere decir que se encuentra en la lista roja de especies, para después llevarla al renglón de especies en menor riesgo.

Explicó Alexander que en el ámbito nacional tienen 107 nidos monitoreados, de ellos 85 en el municipio Padre Chien. Al parecer esta zona posee las condiciones de hábitat ideales para su vida, por lo que es allí donde se encuentra la mayor concentración de águilas. Pero siempre su hábitat está amenazado por la acción depredadora del hombre, que le destruye el bosque y las matan para hacer souvenir con sus garras.

Lamentó que esa pérdida del hábitat es mayormente consecuencia de la tala de los árboles gigantes donde el águila construye su nido, sin embargo, esta práctica se ha podido reducir con la implementación de mini reservas, que vienen siendo áreas pequeñas de conservación de árboles donde se encuentre un nido de águila. Consiste en evitar la tala o quema de esas zonas para hacer potreros.

–Esos son los conflictos águila-humanos, porque las águilas hacen sus nidos en los árboles más grandes del bosque, los más altos, más robustos, los que tienen mejor estructura, entre ellos el merecurillo, el aramán, la ceiba y el algarrobo; casualmente esos son los maderables, entonces al tumbar un árbol de estos se le quita al águila la posibilidad de que allí pudiera instalar su nido.

Otro peligro se encuentra en el mismo bosque, con la incursión de otros animales como el oripopo, gavilán, la comadreja y los rabipelados, que suben al nido cuando las águilas padres se ausentan en búsqueda de alimento para la cría, lo que pudiera comprometer la vida del pichón, o se comen los huevos y hasta destruyen el nido.

CONTINUA EN NUESTRA PRÓXIMA Y ÚLTIMA ENTREGA:

DON BLAS Y SU NIETO

  • Se llama Blas Ramón Chacare, nacido y criado en El Palmar hace 53 años donde vive con su esposa, 2 hijos y dos nietos. Antes de unirse al trabajo con Alexander era baqueano de la zona de Imataca, que lo hace un guía muy experimentado.
  • Su incorporación al trabajo de la conservación del águila harpía le cambió su sentido de la vida.
  • Su nieto, El Geremís, está siguiendo los pasos del abuelo, lo acompaña siempre a las actividades en el bosque, adquiriendo también una gran sensibilidad humana.

LAS NUEVAS GENERACIONES

  • Si no hablamos de conservar el bosque, de nada vale hablar de conservar el águila harpía. Mientras conservemos el bosque vamos a tener harpías y muchas otras especies de animales.
  • Este programa de conservación del águila harpía no tiene nada que envidiarle a otro programa de su tipo en el mundo.
  • Estamos capacitando a un grupo de jóvenes que son los que le darán continuidad al programa. Son muchachos y muchachas que se denominan “Los Guardianes del Águila Harpía”.

EL AVISTAMIENTO

  • La actividad de avistamiento del águila harpía se complementa con un recorrido por el bosque, donde los participantes sin hacer mucho ruido pueden captar bien los sonidos y escuchar el aire.
  • En el Palmar hay una concentración de especies de animales increíble, que hace que este sea un lugar de gran atractivo para los observadores de aves.

CURIOSIDADES DEL ÁGUILA HARPÍA

  • La hembra cuidando su nido pasa casi 4 años sin moverse para ningún lado hasta que el pichón esté en capacidad de levantar vuelo.
  • El macho no tiene otra pareja, son monógamos toda la vida, si se pierde uno de los individuos hasta ahí llega la familia. Es un compromiso para siempre.
  • Cuando un águila harpía se lanza al ataque sabe lo que va a hacer con mucha seguridad. De 100 intentos falla uno.
  • Entre las cuatro águilas más grandes del mundo está la harpía, es la más poderosa y la más rapaz.

Don Blas, baqueano de la zona.
Humilde, trabajador y muy comprometido
con las 
águilas

Un espléndido amanecer en las
hermosas sabanas en
El Palmar, Estado Bolívar

Fue presentado por…