El CHILLIDO DEL Águila Harpía

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Cuidar al águila harpía es una alternativa de vida,
que permite mostrar a la gente que hay un mundo diferente.

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Por: Gilberto López – CNP 3618
redaccion@parajesandinos.com.ve

Narrado por su protagonista: Luis Alfredo López
gerencia@parajesandinos.com.ve
Material audiovisual: Parajes Andinos

La experiencia de ver un águila harpía en su propio hábitat natural es de una emoción extraordinaria. Sentir y escuchar su agudo chillido es estremecedor e impresionante, y más aún, tenerla en las manos convierte ese encuentro en algo tan maravilloso y único, que pocas personas tienen esa posibilidad en el mundo.

Esa experiencia hay que narrarla, y es por eso que el equipo de Parajes Andinos, atendiendo una invitación de habitantes de El Palmar, pueblo del estado Bolívar donde habita el águila harpía, se lanzó en vuelo desde Mérida para llevar a sus lectores la vivencia del encuentro; además de conocer los trabajos y esfuerzos que se hacen para la conservación de esa especie, que para algunos en Venezuela está en peligro de extinción y para otros se encuentra en un estatus “vulnerable”, o en la lista roja de especies.

LA IDA A EL PALMAR

La primera etapa para ir a El Palmar se cumplió desde Mérida hasta el aeropuerto de Maiquetía, donde parte del equipo de Parajes Andinos, integrado por Luis Alfredo López, director, y el cantautor Rafael Briceño, tardaron casi dos días para poder abordar la nave que los trasladaría al aeropuerto de Puerto Ordaz. Allí los estaría esperando la señora Fanny Mogollón, persona que se encargó de efectuar en el poblado todas las gestiones que permitirían realizar con éxito las actividades programadas para el avistamiento de la legendaria ave. Tanto la ida como el retorno, se dieron sin mayores contratiempos gracias a las oportunas gestiones de la Agencia de Viajes Travelers At Way, empresa que patrocinó los boletos aéreos.

Contó el director de Parajes Andinos que, para llegar a El Palmar, saliendo desde el aeropuerto de Puerto Ordaz, se toma la autopista Manuel Piar que conduce a Upata, ciudad emblemática del estado Bolívar, la cual se cruza completica, para continuar por la troncal 10 hacia la población de Guasipati. Como a mitad de la vía se encuentra una intersección llamada El Cruce, allí se gira a la izquierda para seguir por una carretera que atraviesa la sabana, en cuyo recorrido se puede divisar a lo lejos alguna finca ganadera, que no debe llamar mucho la atención por ser una zona eminentemente ganadera. Después de unos 43 kilómetros de recorrido se halla este pintoresco pueblo, al que también se le conoce como “tierra fresca” por estar en una zona muy lluviosa.

Más de 1200 kilómetros de distancia, en
dos días de recorrido entre aire y tierra
para poder llegar al pueblo de El
Palmar – Estado Bolívar

Amena conversación en nuestro
recibimiento… De derecha a izquierda;
Fanny Mogollón, Luis Alfredo López,
Alexander Blanco, El Geremís y Don Blas

Plaza Bolívar de El Palmar; un hermoso
lugar para disfrutarlo 
sanamente

La Sierra de Imataca, en peligro por la
explotación del arco minero y la
deforestación indiscriminada del 
bosque

La llegada a El Palmar fue el miércoles 9 de enero en horas de la tarde. Un pequeño local en la entrada al pueblo sirvió como punto de encuentro con el médico veterinario Alexander Blanco, quien es líder de la “Fundación Esfera”, una institución sin fines de lucro que se encarga desde hace más de 20 años de estudiar el águila harpía; también un señor nacido en El Palmar y baqueano de la zona que le dicen Don Blas, quien forma parte del equipo de la fundación, quien estaba acompañado por un niño como de 12 años, a quien llaman “El Geremís”, nieto de Blas, que sigue los pasos de su abuelo en la pasión por la observación de aves.

Luego de la amena conversación en la que abundó las anécdotas y los chistes, se planificó la programación de la ida al nido del águila para la mañana siguiente. En la noche no pudo faltar el recorrido por el poblado y el cafecito caliente al compás de las dulces melodías del cantor Rafael Briceño y su guitarra, que alternaba con el cuatro, ambos instrumentos ejecutados con gran virtuosismo.

ALGO DEL POBLADO

El Palmar es la capital del municipio Padre Pedro Chien, llamado así en homenaje a un sacerdote católico fallecido en 1995, que cumplió una gran labor social en el pueblo, especialmente en el campo educativo entre los jóvenes.

El poblado está ubicado al Oeste de la Sierra de Imataca, en una zona de llanuras y de muchas lagunas, prácticamente al pie de la montaña y a unos 260 metros sobre el nivel del mar. Su temperatura promedio es de 25 grados centígrados y su población ronda algo más de los 10 mil habitantes.

Su fundación data de finales del siglo XVIII como asentamiento de los misioneros capuchinos que se ubicaron al sur del Río Orinoco en su afán colonizador y de conversión a la fe cristiana a los pobladores indígenas de la Etnia Caribe que habitaban las selvas cercanas al pueblo.

El último censo poblacional de 2011 da cuenta de 15.521 habitantes en todo el municipio Padre Pedro Chien, esparcidos en un territorio con una superficie de 2.275 kilómetros cuadrados, siendo la principal actividad económica la agricultura y la ganadería.

El territorio del municipio hace frontera por el Norte con el estado Delta Amacuro, con el cual comparte la parte alta y selvática de la sierra que finaliza en los intrincados ríos y caños del Delta del Orinoco.

La Sierra de Imataca forma parte del llamado Macizo Guayanés, el lugar más antiguo de la tierra, que es considerado como el gran pulmón verde de América por poseer una gran riqueza forestal, minera y de grandes atractivos turísticos, pero que, según expertos ambientalistas, se encuentra en peligro por la explotación del arco minero y la deforestación indiscriminada del bosque para la extracción de la madera, aun cuando la zona fue declarada como Reserva Forestal, lo que quiere decir que es un área bajo Régimen de Administración Especial, sometida a las leyes y reglamentos que rigen los Parques Nacionales en Venezuela.

La zona alta de la sierra que corresponde al municipio Pedro Chien, es de vegetación exuberante propia de las selvas tropicales, con mucha humedad y árboles que pasan los 30 metros de altura, que la convierte en el lugar ideal para el refugio de una gran variedad de mamíferos, reptiles, anfibios, peces y aves, entre las que destaca el águila harpía por su vistosidad y tamaño. Es el lugar ideal para que este legendario animal viva a sus anchas.

LA EXPERIENCIA DE ALEXANDER

Como parte del recorrido cedimos un espacio para conversar con Alexander Blanco y su equipo, de manera que nos informara sobre las actividades que llevan a cabo a través de la fundación que dirige.

Fue la persona que nos recibió en El Palmar y el guía que nos trasladó hasta el nido para realizar el avistamiento del águila. Posee un gran conocimiento y experiencia, por ser en Venezuela quien lidera las investigaciones sobre el águila harpía y los programas de conservación del ave a través de la Fundación Esfera desde hace más de 20 años.

Ganadería como una de las principales
actividades económicas de la 
zona

Árboles que sobrepasan los 30 metros de
altura. El lugar perfecto para el águila

La zona alta de la sierra, ideal para
practicar el senderismo y la observación

Es médico veterinario nacido en Mérida hace 49 años, de los cuales tiene 18 ejerciendo su profesión. Es de familia apureña y ganadera, por lo que dice que es llanero de pura cepa, aunque fue criado entre la ciudad y el campo. Su esposa es enfermera de nombre Ingrid y trabaja también en la fundación donde se encarga de la parte de educación ambiental del Programa de Conservación del Águila Harpía.

–Qué te motiva a proteger al águila harpía?, indagó nuestro director Luis López.
–Esa pasión nació cuando era estudiante y estaba haciendo pasantías en el zoológico las delicias de Maracay, ahí había dos águilas harpías y me acuerdo que yo no sabía que aves eran esas, que estaban en un recinto bastante reducido para su tamaño. No estaban en las mejores condiciones, pero vivían allí desde hacía varios años.

Agregó el especialista que de todos los animales del zoológico ese fue uno de los que más le llamó la atención, por lo que comenzó a indagar y revisar la literatura sobre el ave. Posteriormente, ya graduado de Médico Veterinario tuvo la oportunidad de ir a España para especializarse en medicina y cirugía en aves rapaces. De regreso a Venezuela conoció a la persona que en ese momento venía siendo el pionero en la conservación del águila harpía, Eduardo Álvarez.

–Eduardo estaba en Estados Unidos haciendo un doctorado y vino a Venezuela a dictar una charla en la Universidad Simón Bolívar, pasaron la invitación al zoológico y yo fui a esa conferencia. Allí fue donde lo conocí y le comenté sobre las dos águilas harpías que estaban en el zoológico de Maracay y de mi especialización en España. Fue así como comenzamos a formar la amistad.

Agregó que Eduardo regresó a Estados Unidos a terminar su doctorado y como a los tres meses lo llamó para decirle que tenía conocimiento del rescate de un águila harpía en una zona de la Sierra de Imataca, indicó que la tenían en el campamento base de conservación del águila harpía que funcionaba en Guri, y que además habían dado con un nido nuevo en la selva.

–Como él tenía un asistente aquí en Venezuela, le iba a mandar un transmisor para colocárselo a esa águila. Fui a Guri y vi el ave que estaba bien pero no apta para ser liberada, porque tenía una fractura fuerte en una de las alas. Consideramos que liberar a ese animal era una sentencia a muerte y la dejamos en el zoológico de Maracay.

–Entonces me trasladé con el asistente de Eduardo Álvarez, llamado Rafael Álvarez, a una zona muy remota de la sierra de Imataca que se llama Chupamo, para subir al nido que habían encontrado y colocarle el transmisor al pichón. Esa fue la primera vez que me subía a un nido de águila harpía.

Grata conversación en la casa de Blas,
refugio de un águila en recuperación. De
izquierda a derecha; Luis López, Rafael
Briceño, Alexander Blanco y Don Blas

Águila Harpía la más poderosa del planeta.
A la expectativa por nuestra llegada,
alertando con su chillido, inquieta y
observadora, protegiendo el nido

20 años de ardua labor, que desde 1996
viene desarrollando Alexander Blanco en
pro de la conservación del águila 
harpía

“No queremos ser Dios, pero sí podemos
ayudar a las águilas mejorando sus
condiciones de 
vida”

“Nosotros nos adaptamos al medio
ambiente, y tratamos en lo posible de
no intervenir en la biología
natural del 
bosque”

Complacidos por observar como la
comunidad de El Palmar ha tomado
conciencia de la conservación
del águila 
harpía

–Rafael subió y me dijo que me esperaba arriba, me puse los arneses y subí, bajamos el águila, se marcó y se le colocó el transmisor, después se volvió a subir. Ahí arriba nos quedamos hasta el atardecer, y fue en el instante cuando veníamos bajando que me dije: “bueno esto es lo que me gusta hacer y esto es lo que quiero hacer” y a partir de ese momento, en el año 1996, estoy trabajando con las águilas harpías.

Contó Alexander que en el año 98 se encargó del programa de conservación del águila harpía en la Sierra de Imataca con varias personas que le servían de baqueanos hasta el 2003 cuando conoció a Don Blas, quien a partir de ese momento se integró al programa. “Ya tenemos casi 16 años trabajando juntos”, dijo.

Refirió Alexander que para el sostenimiento del programa cuentan con el apoyo desde el punto de vista institucional de la Fiscalía Ambiental, de la Guardería Ambiental de la Guardia Nacional y del Ministerio de Ecosocialismo y Aguas, por ser el ente rector en materia ambiental, para los permisos y poder trabajar con la fauna silvestre.

–Básicamente son los organismos oficiales con los que se debe tener muy buenas relaciones para poder trabajar en armonía y poder verificar el trabajo que se está haciendo, no solamente de protección al águila harpía y el espacio donde habita, sino de otras especies que cohabitan con el ave.

Señaló que aún no han recibido apoyo financiero de instituciones o empresas privadas para el sostenimiento del programa de conservación, aunque sí de algunas organizaciones comunicacionales, en la difusión de lo que han venido haciendo, como el programa de TV Río Verde, Paralelo 10 y la gente de Eco Práctica, y a nivel internacional la BBC de Londres y National Geographic, que hizo algunos documentales en El Palmar, uno de ellos se transmitió en el año 2017 por Animal Planet que se llama “el cazador” o “cacería”, donde se ven los siete grandes depredadores del mundo, entre ellos el águila harpía. Lamentó el especialista que a pesar de ser un programa de protección de la fauna y la flora venezolana ha conseguido más apoyo internacional que nacional.

–Nosotros generamos nuestros propios recursos, y con lo poco que conseguimos logramos resolver algunas cosas. Hemos tenido tropiezos, pero han sido superados y aprendido de ellos. Entonces hemos sobrevivido durante estos 20 años principalmente por el compromiso que tenemos los que trabajamos con el programa, eso es fundamental, cada quien dentro de su área desarrollando su trabajo. Yo, que soy médico veterinario hago la parte técnica y de investigación, Don Blas que se mantiene de su parcela y la venta de verdura, hace la parte operativa, y mi esposa que es enfermera, hace también su aporte en la parte de educación ambiental. Hemos conformado un excelente equipo, dijo.

Hablando sobre la integración al trabajo sostuvo que quienes conforman el equipo de la “Fundación Esfera” mantienen el principio de que son ellos los que se deben adaptar al medio ambiente, y no el medio ambiente a ellos, por eso no intervienen en la biología natural del bosque y cuando lo hacen, tratan de intervenir solo para que los animales se mantengan por más tiempo, por ejemplo, eliminando ramas que pongan en peligro la vida de los pichones de águila o la estabilidad del nido. “No queremos ser dios, pero sí podemos ayudar a las águilas mejorando sus condiciones de vida…”

Aseguró que en la actualidad el programa que dirige es el más exitoso de conservación de esta especie en el mundo, al punto que son el marco de referencia para el estudio del águila harpía en otros países donde habita, desde el sur de México hasta el norte de Argentina. En ese sentido señaló que han asesorado proyectos en Panamá, Ecuador, Colombia, Perú y Brasil, entrenando a los encargados de cada país, aunque cada uno de ellos con sus adaptaciones de acuerdo a las condiciones de su entorno, pero bajo una misma línea de investigación, que es trabajar básicamente la ecología, la biología básica, biología aplicada, biomedicina y ecología del paisaje.

Se siente muy contento porque en El Palmar han logrado la participación comunitaria en la protección del águila, con personas que van día a día al bosque a ver el movimiento de los animales. Dijo que los lugareños han tomado conciencia de la conservación del águila, le tienen respeto y ya no practican la cacería del animal. “Se siente la necesidad de la conservación del águila harpía, pero no solo del águila como tal por ser una especie emblemática, un animal bonito y vistoso, no, la conservación del bosque en su conjunto, en su totalidad, porque así conservamos el agua y los animales. Es toda una cadena, que es importante hasta para la supervivencia humana”.

Consideró Alexander que el trabajo que desarrollan es una alternativa de vida. “Nosotros pudiéramos estar haciendo otras cosas, pero no, tomamos esta alternativa que es mostrar a la gente que hay un mundo diferente, por ejemplo, al de estar quejándose todo el tiempo de las cosas, decir que esto no sirve, que no lo voy a hacer, pero resulta que si te dan la oportunidad de ayudar a una especie que está en peligro de extinción, oye… eso es grandioso. Y con esa actitud tú estás transformando no solo al joven, sino al adulto también, haciendo que tomen conciencia de su entorno. Eso lo hacemos porque tenemos la voluntad. La voluntad es lo que hace falta”, sentenció.

Esa férrea voluntad de hacer las cosas hace que Alexander valore cada día más el trabajo que realiza, y para reforzar su argumento cuenta que una vez se cayó de un árbol en caída libre desde 38 metros de altura, tuvo contusión cerebral, fracturas en un brazo y en ambas piernas. Agregó que tardaron como 10 horas para sacarlo del monte. “Eso para todo el grupo fue un trauma y tomamos conciencia de que este es un trabajo de alto riesgo. ¿Cuántas veces no se ha cortado Don Blas con un machete abriendo trochas por el monte? Eso es como para retirarse”.

–Pero eso es parte de nuestro trabajo y nos ha permitido por ejemplo reforzar la seguridad, hablar con otros especialistas, usar técnicas más seguras y así sucesivamente, pero aquí estamos, seguimos trabajando. ¿Y los riesgos? Está en nosotros si los asumimos o los dejamos, pero los asumimos. Todo, gracias a Dios lo hemos hecho con nuestro compromiso de dejar herencia para las generaciones futuras.

 

 

 

 

 

 

“Es lo que me gusta hacer y esto es lo
que quiero hacer”, con el compromiso de
dejar herencia para las generaciones 
futuras

CONTINUA EN NUESTRA PRÓXIMA ENTREGA:

DEBAJO DEL ÁRBOL

  • Salimos al monte alrededor de las 8 y 30 de la mañana, con destino a uno de los 85 nidos de águila harpía que se encuentran en el municipio Padre Pedro Chien.
  • Lo que fue una selva tropical de rica flora y variada fauna, ahora es una gran extensión de terreno de pasto para ganado.
  • Continuamos por un sendero hasta llegar a la parte del monte donde se encuentra el árbol, en cuyo tronco y a gran altura se divisa el nido.

EL CHILLIDO DEL ÁGUILA

  • Por largo rato todo el grupo permaneció callado, hasta que de repente el chillido penetrante y agudo del águila hembra rompió el silencio reinante en el bosque.
  • Una vez un águila macho me atacó cuando me acercaba al nido, logre esconderme detrás de una rama, el águila me buscaba hasta que pudo darme con el puño del ala. Lo que sentí fue un matracazo muy fuerte, que hizo que yo escupiera sangre.
  • La experiencia de ver un águila harpía en su propio hábitat natural, es de una emoción extraordinaria. Sentir y escuchar su agudo chillido es estremecedor e impresionante…

EL ÁGUILA EN PELIGRO

  • Aquí en Venezuela la estamos sacando del peligro físico a un estatus menor que se llama “vulnerable”, que quiere decir que se encuentra en la lista roja de especies.
  • Su hábitat está amenazado por la acción depredadora del hombre, que le destruye el bosque y las matan para hacer souvenir con sus garras.

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