Páramo de Mariño TARDE en el ZAGUÁN

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En las lagunas “La Brava” y “Los Lirios” han desaparecido
varias personas dando origen a leyendas de duendes y espantos.

PÁRAMO DE MARIÑO
«UNA AVENTURA POR LA TIERRA DE LAGUNAS Y ENCANTOS»

2da. y última entrega  /  Lea también: 1ra. entrega

Narrado por sus protagonistas:
Luis Alfredo López y Astrid Sosa
info@parajesandinos.com.ve
Redacción:
Gilberto López – CNP 3618
redaccion@parajesandinos.com.ve
Fotografías:
Luis Alfredo López
gerencia@parajesandinos.com.ve

Disfruta del video completo en nuestro canal
de YouTube: Parajes Andinos

Casa rural construida de bahareque, ubicada en los
alrededores de la laguna. Icono turístico de la zona

Vista superior de Laguna «La Brava» desde la
cresta de la montaña, parte trasera

EN LA LAGUNA BRAVA

Seguimos caminando, nuestro objetivo es llegar a “Laguna la Brava” o “Laguna las Palmas”. El descenso por la vía angosta y plana es rápido y sin contratiempos, la vegetación y la temperatura comienzan a cambiar. A lo lejos logramos tener el primer avistamiento de la laguna.

Pasamos el largo tramo de un sendero muy estrecho y penetramos en un bosque que estaba nublado, donde nos topamos con un hermoso pájaro llamado Sorocuá, de plumaje azul, verde y naranja intenso. Salimos a un claro que parecía surgir de algún libro de cuentos infantiles.

A pesar de que estábamos bajando tuvimos que subir una cresta, para seguir en descenso hasta dar con una lindísima vivienda rural deshabitada hecha de bahareque. Allí, en la parte trasera de la vivienda nos estaba esperando la Laguna la Brava.

Para llegar tomamos la ruta que da hacia la parte de atrás de la montaña, descendimos hasta la orilla en un recorrido de unos 12 kilómetros, pero quien quiera ir a este lugar sin hacer el recorrido por la montaña, también puede elegir acceder en vehículo por una vía que sale desde el pueblo de Mariño.

En la laguna esperamos un buen rato que se diera un hermoso espectáculo de la naturaleza, algo de lo que se habla mucho, que es cuando la laguna se cubre de neblina, fenómeno que forma parte de una leyenda indígena.

Cuentan que esta laguna la llaman “La Brava” porque en sus aguas han desaparecido varias personas y en torno a estos acontecimientos se ha creado la leyenda que relata que en el centro de la laguna había una islita con una palma, donde vivía un indígena con un pájaro muy hermoso, pero otro indígena por envidia le dio muerte de un flechazo. Al pasar esto la pequeña isla se hundió y ahora la laguna no permite que alguien con malas intenciones se acerque a su orilla ocultándose así tras una densa neblina y mucho menos que se acerquen a su centro, y todo aquel que se ha atrevido a meterse en sus aguas nunca ha vuelto a salir.

Pero también hay una explicación más científica que sostiene que la laguna es de formación peri glaciar, que en su centro la temperatura del agua es muy baja al superar los 3 metros de profundidad, donde se produce una fuerte corriente que tiende a succionar lo que caiga ahí. Se dice que aún no se conoce su profundidad, y le dicen Laguna “Las Palmas” porque a su alrededor crecen morichales de gran altura.

Durante el descanso compartimos algunos alimentos que acompañamos con chocolate caliente. Disfrutamos al máximo las bondades de la naturaleza, sobre todo nos dimos el gusto de ver la neblina cubriendo toda la laguna, hasta que se levantó nuevamente dejando mostrar todo el esplendor del cielo reflejado en sus aguas. Seguimos bajando y dejamos a Bailadores atrás por la parte arriba de la montaña. El destino final era llegar al pueblo de Mariño donde nos estaba esperando la señora Aminta Araque con la hidratación y la comida.

Por el camino observamos muchas siembras de papa y repollo, el ganado se nos atravesaba en la vía. Un camino muy pintoresco compuesto por ganaderos, paperos, gente adulta, niños con sus caritas quemadas por el fuerte sol de la montaña y con sus botas de goma puestas, prestos al trabajo del campo. El ambiente típico de esa zona.

Carretera de entrada a la laguna
por el poblado de Mariño

Exuberantes paisajes que nos invitan
a disfrutar de un espectáculo natural

En todo su esplendor Laguna «La Brava»
conocida también como «Las Palmas»

Así, caminamos hasta el pueblo de Mariño, una comunidad típica andina de una sola calle hecha de concreto rayado para evitar que se resbalen los pocos vehículos que la transitan, donde también se encuentra la pequeña iglesia al frente de la única plaza con mucha vegetación de verde intenso.

EN LA CASA DE AMINTA ARAQUE

Atravesamos todo el pueblo para llegar a la vivienda de la señora Aminta del Carmen Araque Arellano, quien nos recibió con su familia, todos muy cariñosos, muy dados. Aquí nos esperaban para brindar con el conocido miche andino. Ya tenían preparada una suculenta sopa de verdura con lagarto y una gallina guisada con papa que estaba deliciosa. En una sentada comimos casi lo correspondiente a tres días. Conversamos bastante sobre su vida en los páramos y nos contó varias anécdotas.

De la conversación con Aminta y algunas de las personas que se encontraban en la casa, percibimos que todos sus integrantes son nativos de Mariño y que el caserío está integrado en su mayor parte por familias de esta misma estirpe.

El ambiente es el de una casa sencilla donde todos trabajan para ganarse el sustento diario, se observa mucha actividad simultánea: en el patio unos moliendo café, otros en la cocina, otros picando leña; se escucha un golpeteo y es que el jefe de la familia con varios vecinos, están desgranando el maíz que compran cada 8 días a los viajeros o en el poblado La Playa para hacer los tradicionales guapitos, que vienen siendo bollos de maíz dulce envueltos en la misma hoja de la mazorca.

Al observar el dinámico movimiento en la cocina de leña, preguntamos de inmediato:

–Eso qué es?

–Eso es la sopa de gallina para la venta, respondió Aminta.

–Pero ¿qué lleva? Indagamos.

–Eso lleva mazorca, apio, yuca, papa, calabacín, cilantro, apio España, auyama y mucho amor, respondió con gran fuerza y seguridad en sus palabras, ajenas a la timidez propia de los habitantes de los páramos.

Aminta Araque es oriunda de Mariño, donde nació hace 59 años. Es alegre y jovial, muy espontánea en sus actos y de gran carisma. Es muy trabajadora y eso lo demuestra desde que se levanta en la madrugada, que no se acuesta a descansar en todo el día porque prefiere dedicarse a cuidar el jardín de su casa o a coser y así se entretiene para no forzar la mente en lo que está pasando. “Eso enferma a uno” dice.

Tiene más de 50 años viviendo en la misma casa que compró su papá cuando se radicó en el poblado, de ambiente colonial y muy pintoresco. “Mi esposo también es de Mariño, tiene 70 años con 5 hijos 11 nietos y 3 bisnietos” ríe.

A la señora Aminta le gusta desde joven la cocina, al punto que su casa es un ícono de la gastronomía andina, allí llegan a comer los excursionistas después de esas largas jornadas de senderismo. Su especialidad son los guapitos, la hallaca andina y los pastelitos que son muy solicitados, además prepara por encargo gallina guisada y sancochos. La propia cocina andina.

–Yo aprendí de mi mamá. Desde los 20 años empecé por mi cuenta con las arepas de harina y hallacas, dijo.

Cuenta que a su mamá la buscaban para que hiciera las comidas en fiestas o velorios, agregó que actualmente ella ha desarrollado la cocina como su principal actividad económica.

Sin embargo, las condiciones de trabajo de Aminta ilustra las grandes dificultades por las que atraviesan los productores y pequeños comerciantes de los andes venezolanos. Lamentó que la crisis del país también les haya pegado y como ejemplo expone que antes el maíz para el guapito era económico, pero que ahorita está demasiado costoso.

Dice que para comprar los insumos que va a utilizar en las comidas, todo o casi todo tiene que traerlo del mercado de Tovar, porque en Bailadores ya no se puede comprar nada. “De los negocios lo que queda escasamente son las puras tablas”.

–Anoche yo no dormí, el santo era la papa de la comida.

Pero la habilidad de Aminta no es sólo la comida, también con sus laboriosas manos confecciona y cose “vestiditos” para el niño Jesús y los personajes de los pesebres que van a adornar muchas casas de los poblados de Mariño y Bailadores durante las festividades de la Paradura del Niño, que es tradición en esta región andina cuando hay que cumplir alguna promesa, o en los meses de diciembre y febrero.

LOS DUENDES DE LA LAGUNA

–Cuéntanos sobre la leyenda de la laguna Los Lirios, indagamos con mucha curiosidad porque queda en el patio de su casa. Para llegar a ella solo hay que empujar un portón.

Aminta ríe como extrañada por la pregunta y responde:

–Mi papá nos contaba que hace muchos años en esa laguna había dos viejitos así de pequeñitos, de esos que llaman duendes. También había muchos lirios que crecían alrededor de la laguna, pero eran lirios más grandes que los morados, parecidos a las orquídeas, y los duendecitos salían y se sentaban entre los lirios. Una vez llegó un muchacho enfermo, de esas personas que son especiales, le dio la vuelta a la laguna y llegó a donde estaban los duendes, cuando percataron ya lo habían cargado para el fondo de la laguna y desapareció.

–Resulta que en la mitad de la laguna había una barra de oro que sobresalía del agua, que era custodiada por los duendes, pero esa barra de oro se la llevaron en una época cuando venía mucha gente que nadaban hasta el asiento (fondo) de la laguna. Cuentan que en la punta de la barra se encontraba un pájaro parecido a un loro y lo mataron de un tiro. Los duendes, después que se llevaron la barra de oro y la muerte del lorito, no se han vuelto a ver. Y así también se fue el encanto que tenía la laguna.

–Esa laguna, si usted llega y no le saca el cuento a lo criollo se pone oscura…Oscura, casi negra. A veces está verdecita y a veces se pone negra o amarilla, como marrón. Papá no nos dejaba bañar en la laguna, ni siquiera estar en la orilla. Yo crié 5 muchachos, y ni a la orilla…

Pintoresca y hermosa iglesia en la única
plaza que posee el pueblo de Mariño

Aminta Araque en amena conversación
con nuestro CEO Luis Alfredo López

Un ambiente acogedor y muy humilde, donde todos sus
integrantes forman parte de la actividad 
productiva

Los «vestiditos» para el niño Jesús, elaborados
minuciosamente por las manos de Aminta Araque

Laguna «Los Lirios» ubicada en la parte trasera de la vivienda

Durante el recorrido de entrada al pueblo
observamos muchos 
cultivos

Nietos de la Sra. Aminta Araque quienes
compartieron junto a nuestro equipo

Entrada al pueblo de Mariño luego de una
ardua caminata por la montaña

EDUCAR PARA EL TURISMO

La estadía en la casa de Aminta Araque fue propicia para conversar con Bonami Cándales y su esposa Roxana Molina. Bonami es ciclista de unos 45 años, es profesor de educación física del antiguo tecnológico de Ejido, extensión Bailadores y Roxana es licenciada en turismo; ambos dirigen la agencia de viajes Boon Travel junto a Pablo Leal, y fueron las personas que nos guiaron durante toda nuestra estadía en el municipio Rivas Dávila.

Cuentan que establecieron la agencia de viajes en Bailadores porque tomaron el pueblo como producto turístico para sus actividades por el potencial que tiene todo el sector.

Refiriéndose a la travesía que hicimos al páramo de Mariño sostienen que esa es una de las rutas icónicas de Bailadores y que por ser la zona donde tienen vida como empresa es que asumen el compromiso de fortalecer la actividad turística, pero no solo en Bailadores, sino toda la región andina.

–Queremos que en Bailadores se dé un turismo receptivo y queremos que Parajes Andinos nos apoye en esta propuesta, dijo Bonami.

En ese sentido señaló que este año comenzaron a hacer el diagnóstico de un proyecto que tienen para ser ejecutado en dos años.

–Sentimos que se están haciendo esfuerzos aislados y lo que buscamos con Boon Travel es trabajar de manera engranada, hemos hecho algunas cosas. Vamos a comenzar con Mariño y lo bueno es que en este momento hay gente apostando por el turismo a pesar de la situación y la debilidad del transporte que es una limitante tremenda.

Señaló Roxana que es un proyecto muy amplio que incluye un catálogo de productos y bondades del municipio, pero que requiere del trabajo de todos de manera mancomunada. “De alguna manera lo que buscamos es afianzar la actividad turística, decir que, sí se puede, que juntos sumamos y que el trabajo en equipo suma más que los estériles esfuerzos individuales”, dijo.

Añadió que teniendo una idea clara de la travesía, que dura 8 horas por el páramo, que sabemos cuál es el recorrido, el grado de dificultad y la logística que se necesita, es que ya pueden ofertar ese paquete como senderismo o turismo de aventura.

Como educador Bonami es del criterio de que se debe fusionar la parte privada con la academia, no solamente desde la UTPM como carrera de turismo o escuela de turismo, sino también involucrar a la Universidad de los Andes que se encuentra a 14 km de Tovar como núcleo y que además tiene una extensión en Bailadores que no se ha aprovechado desde el punto de vista práctico.

Equipo de Boon Travel, de derecha a izquierda: Pablo Leal,
Bonami Candales, Roxana Molina y Oscar Ramírez

Sede de la Universidad Politécnica Territorial de Mérida
Kléber Ramírez con sede en el poblado de Bailadores

RUTA HACIA LA VERDOSA

La estadía en la casa de Aminta llegó a su fin con la llegada del señor Leonardo Morales en su camioneta, quien nos fue a buscar para llevarnos de vuelta a Bailadores. Tardamos como una hora y media en llegar a la Plaza Bolívar, desde donde pudimos observar la cresta de la montaña por donde veníamos caminando, fue emocionante.

Esa noche descansamos y nos alojamos en la posada “Mi Pequeña Villa” del señor Leonardo, quien gentilmente nos brindó el hospedaje por 4 días, con sus correspondientes cenas de la auténtica comida típica andina, con la sazón de nuestras abuelas, además de la excelente colaboración de llevarnos y traernos a todos a la cresta de la montaña.

El día siguiente, viernes 10 de mayo, nos trasladamos de nuevo al páramo de Mariño, pero mucho más abajo, para visitar la Laguna La Verdosa. Arrancamos como a las 10 de la mañana, pero en esta oportunidad en una camioneta Silverado doble cabina de nuestro amigo Nerio Alejandro Labrador; el trayecto no es muy largo hasta el sector Portachuelo, ubicado a una altura de 3.059 metros sobre el nivel del mar y con una temperatura aproximada de 10°c.

Emprendimos la caminata por la ruta que se encuentra entre los páramos Batallón y La Negra. En el sector predomina la vegetación ya descrita de los altos páramos andinos, donde el frailejón es el protagonista, la subida fue suave con pendientes moderadas, como a un kilómetro del recorrido nos envolvió una espesa neblina que no permitía que nos distinguiéramos a corta distancia.

Es interesante conocer que el páramo “Batallón” se llama así desde la época de la independencia, presumimos cierta relación con algún hecho histórico cuando Bolívar atravesó los Andes.

Alcanzamos los 3.300 m.s.n.m. hasta llegar a una especie de bosque encantado, donde esperábamos que de cualquier lugar pudiera saltar un duende o un hada. Los troncos de los árboles vestidos de musgo y el ambiente cubierto por la niebla transmitían una sensación espectral.

Al atravesar este bosque de repente se levantó la neblina como si fuera el telón de algún viejo teatro, permitiendo apreciar detrás la belleza de la Laguna La Verdosa, que se le llama así por lo verdoso de su lecho que con sus aguas tan cristalinas pareciera un enorme vidrio de aumento. La laguna no es de gran tamaño, y pudimos conocer que se ha reducido su espacio natural a causa de la toma ilegal de agua y el daño que le ha venido ocasionando la presencia de ganado.

Que tranquilidad pudimos sentir, que lugar tan apacible y que paisaje tan hermoso. Procedimos al descenso por una vía muy conocida, pasamos por la famosa M, donde nos detuvimos a contemplar ese hermoso paisaje y hasta logramos entrar a una finca de grandes cultivos de flores de todos los tipos, supimos que son las que se comercializan en los mercados venezolanos.

Aviso de bienvenida a los Páramos Batallón y La Negra,
puerta de entrada hacia la Laguna «La
Verdosa»

Mágica y exuberante la Laguna «La Verdosa»
llamada así por lo verdoso de su lecho

La subida fue suave con pendientes
moderadas, nos rodeamos de mucha neblina

El frailejón, protagonista de nuestra
aventura por los páramos Batallón y la Negra

Un bosque encantado con troncos de
árboles y rocas vestidos de 
musgo

La muy conocida M donde pudimos contemplar un
hermoso paisaje característico de los Andes Venezolanos

Zona ideal para el cultivo de flores de todos los tipos,
las cuales son comercializadas en los mercados venezolanos

Fachada de la casa típica andina propiedad del Sr. Armando
Rosales, la cual tiene más de 100 años de 
construida

Una muy grata conversación junto al Sr. Armando Rosales
(derecha) y Luis Alfredo López (Izquierda)

TARDE EN EL ZAGUÁN

El recorrido finalizó en una casa típica del páramo propiedad del señor Armando Rosales, la cual tiene más de 100 años de construida. Es blanca con techo de madera y tejas rojas, rodeada de hermosos jardines con gran variedad de flores y de terrenos destinados a la siembra de distintos rubros; entre ellos la cebolla y la papa.

El señor Armando es un hombre joven, tiene 45 años y es de Bailadores. Su actividad principal es la albañilería, habilidad que aprovechó para restaurar la casa colonial que adquirió hace varios años, hasta convertirla en lo que es en la actualidad y que aspira sea incluida en los planes de senderismo que tienen previsto realizar, para atender a los turistas con fiestas típicas andinas.

Aquí en esta original casa hicimos la actividad final que llamamos “Tarde en el Zaguán”. Al llegar, nos sorprendió el recibimiento musical ofrecido por un conjunto típico de los andes, lo bautizamos como “Los Años Dorados”, compuesto por violín, guitarra, cuatro y maracas. El grupo es muy conocido en la región ya que acompaña las fiestas de la Romería del Niño Jesús, tradición ancestral de esta zona. El grupo musical está integrado por Jorge Vivas, Andrés Pereira, Teófilo Montilva, Moisés Montilva y Luis Rosales, todos de Bailadores. En este ambiente de mucho frío escuchamos hermosas piezas de la región andina y merengues criollos.

Fue muy significativa la cortesía que nos brindaron en la casa del señor Armando Rosales, quien en esta lindísima casa nos preparó un suculento sancocho a leña, miche y un buen guayoyo endulzado con panela. Y así, con los compases de la música andina, cuentos y risas pasamos el resto de la fría tarde para dar fin a una de las más bonitas travesías que se puede hacer por las montañas de Mérida, el Páramo de Mariño.

Música típica andina y un agradable ambiente marcaron
nuestra despedida de un «hasta pronto»