PÁRAMO DE MARIÑO «Una aventura por la tierra de lagunas y encantos»

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El viento ruge fuerte entre la vegetación, sonido
que para algunos de los caminantes les es parecido
al de las olas del mar.

1ra. entrega

Narrado por sus protagonistas:
Luis Alfredo López y Astrid Sosa

info@parajesandinos.com.ve
Redacción:
Gilberto López – CNP 3618

redaccion@parajesandinos.com.ve
Fotografías:
Luis Alfredo López
gerencia@parajesandinos.com.ve

Autopista El Vigía – Mérida antes de la llegada al
túnel de Estaques, vía a Bailadores

El equipo de Parajes Andinos, en una primera parada
(punto de atención al ciudadano de la
Guardia Nacional)

Astrid Sosa disfrutando de la bienvenida que da la
naturaleza al equipo de Parajes Andinos

La ansiedad se adueñó de los integrantes del equipo de Parajes Andinos que se trasladaría a Bailadores para realizar una serie de actividades en el municipio Rivas Dávila, como parte del trabajo que llevan a cabo con la intención de dar a conocer los distintos parajes que conforman la geografía merideña.

Y esta ansiedad se acentuó aún más cuando se comentó que, como parte de esas actividades se haría una travesía por el páramo más emblemático del suroeste de Mérida, el Páramo de Mariño, conocido como tierra de lagunas y encantos, pero que es poco transitado por turistas y caminantes en busca de aventuras.

IDA PARA BAILADORES

En la madrugada del domingo 12 de mayo el director de Parajes Andinos, Luis Alfredo López (@conoceconluis) y Astrid Sosa (@trichicantayviaja) coordinadora de producción, ya estaban arreglados con los implementos necesarios para trasladarse a Bailadores. Luis Alfredo armado con su cámara fotográfica y grabadora, y Astrid, libreta en mano lista para hacer los registros con los que pudimos armar esta narración.

La salida fue de la ciudad de Mérida a las 5.30 de la mañana. La camioneta guerrera del director de Parajes parecía una neverita por el fuerte frío que se sentía esa madrugada merideña, de esos que hielan a uno la sangre y que no provoca sino seguir debajo de la cobija.

Bailadores se encuentra en el suroeste del estado Mérida y es la capital del municipio Rivas Dávila. Es el último municipio para llegar al estado Táchira, cuyo límite es precisamente el Parque Nacional Juan Pablo Peñaloza, donde se encuentra el Páramo de Mariño.

–A las 7 de la mañana ya enrumbados por la carretera Trasandina, nos encontramos a 56 kilómetros de la ciudad de Mérida en un punto de atención al ciudadano ubicado en la Intersección para ir a El Vigía o seguir hacia Tovar. En este sector se encuentra la Hacienda “La Victoria”, por cierto, de mucha tradición cafetalera (Ver Feria del Café Merideño promueve el turismo local). A lo lejos, proveniente del bosque el gruñido de los araguatos nos hace creer que estamos en medio de una jungla.

Seguimos hasta el poblado de Santa Cruz de Mora, capital del municipio Antonio Pinto Salinas, importante centro urbano que se destaca por la producción de café. Desde allí hasta llegar a Tovar son varios los caseríos que nos encontramos en la vía, todos muy pintorescos y conservadores de la tradición andina.

La llegada a Tovar fue anticipada por los campesinos, que a ambos lados de la vía afanosamente trabajan la tierra para la producción de hortalizas o legumbres. Entramos al poblado como a las 8 de la mañana con 75 kilómetros de recorrido y nos tardamos más porque la carretera se encuentra en muy mal estado, cuestión que debe llamar la atención de las autoridades ya que esa es una vía turística y de traslado de la producción agrícola de la zona. Un aviso de carretera nos da la bienvenida: “Tierra de paso para quedarse”, dice.

Continuamos por la Trasandina y justo en el límite del municipio Rivas Dávila, tuvimos que pasar por encima de una alfombra amarilla que cubría el pavimento, formada por flores de un hermoso Guayacán o Araguaney, el Árbol Nacional de Venezuela.

–Naguará… en Hollywood reciben a los artistas con alfombras rojas y a nosotros aquí en Bailadores con alfombras de flores amarillas… dijo Astrid jocosamente.

Justo aquí mismo, por casualidad o asuntos del destino, tuvimos el encuentro con Bonami Candales y su esposa Roxana Molina, de la agencia de viajes Boon Travel (@boontravel) empresa responsable de nuestra visita y coordinadora de toda la logística para el buen desempeño de Parajes Andinos durante esos días. De ahí en adelante serían ellos quienes nos guiarían durante toda nuestra estadía en el municipio.

Continuamos en dos vehículos hasta el caserío La Playa, llamado así por un desbordamiento del río Mocotíes ocurrido hace muchísimos años, que fue tan fuerte, según los cronistas, que arrasó hasta la montaña, quedando el terreno tan plano que la gente decía que se parecía a una playa y con ese nombre se quedó el lugar. Pasamos por San Pablo y así como nosotros íbamos subiendo, la temperatura iba bajando acompañada de la espesa niebla que en tramos de la vía nos envolvía en su misterio.

Seguimos por la Trasandina hasta llegar a Bodoque, pequeño caserío apenas a 2 kilómetros de Bailadores y a 1.617 metros sobre el nivel del mar. Aquí la multiplicidad de tonos de verde se eleva ante nuestros ojos, son los verdes de los amplios campos sembrados de las hortalizas que van a los hogares venezolanos.

Ya lo que faltan son metros para traspasar el ancho arco que atraviesa la carretera que anuncia que estamos llegando a Bailadores. Son las 8 y 30 de la mañana y hemos recorrido 90 kilómetros desde la ciudad de Mérida.

Una vez en Bailadores es parada obligada desayunar los muy famosos pasteles de la señora Ana Medina, en la conocida Panadería y Fuente de Soda “El Sol”. Nos deleitamos con pasteles de carne, arroz y garbanzo, de queso y queso con guayaba. Es tradición desayunar los domingos sólo pastel andino. Aquí en este pintoresco pueblo del estado Mérida, sus habitantes se despiertan con una perfecta sinfonía de pájaros, esa mañana hizo un sol radiante que vaticinaba un excelente día.

Bailadores está ubicado en el Valle del Mocotíes, a una altura de 1.630 metros sobre el nivel del mar y es la puerta de entrada al estado Mérida por occidente. Tiene más de cuatro siglos de historia y debe su nombre a los aguerridos indios bailadores que habitaban en las serranías.

(Haga «click» aquí para leer más sobre este pintoresco pueblo:
En Bailadores secuestraron al Niño Jesús)

Seguidamente hicimos un recorrido por la zona y casualmente ese domingo se estaba celebrando una misa en honor a San Isidro Labrador, patrono del pueblo. La devoción que sienten los habitantes de Bailadores por su patrono es tan excelsa, que ese día vimos cómo los agricultores con sus gandolas y camiones adornados de frutas, legumbres y hortalizas, formaron una enorme caravana para recorrer el poblado.

Fue una larga comparsa la que atravesó toda la avenida Bolívar en honor al patrono San Isidro coincidiendo con nuestra llegada, de ahí que expresé en voz alta: “Bailadores nos bendijo, primero nos recibió la naturaleza con una alfombra de flores amarillas y luego el patrono San Isidro también nos bendice con las festividades en su honor”.

Arco de bienvenida que atraviesa la carretera,
anunciando que estamos entrando a Bailadores

La señora Ana Medina (izquierda) y una de sus
asistentes, en plena faena de preparación de sus 
productos

Astrid, Roxana y Bonami, disfrutando de los
ricos pasteles andinos de Ana
Medina

Los distintos sabores de los pastelitos de
Ana Medina le hacen honor a su
fama

Hermosa familia compartiendo y disfrutando
junto a nuestro equipo de
trabajo

La abundancia y riqueza de productos vegetales
maravilló al equipo de Parajes Andinos
en el día de San Isidro

Todo el equipo observando la inmensidad de la montaña
que se va a recorrer en la travesía al Parque
Nacional General Juan Pablo Peñaloza

En la Plaza Bolívar no cabía un alma, eso estaba full, los carros las comparsas, los camiones. Al terminar las festividades, todas las frutas, hortalizas y legumbres que adornaban los vehículos las regalaron al cura de la iglesia y a los pobladores, quienes hicieron una cola en perfecto orden para recibirlas.

Nos hospedamos en el Hotel Estancia la Veracruz por tres días, mientras realizábamos otras actividades ya programadas y ultimábamos los detalles para la travesía al Páramo de Mariño. Una particularidad que caracteriza este hotel es la atención que brinda y la tranquilidad del lugar. Pero sin duda alguna, especial mención merece la exquisita cocina andina que tuvimos la oportunidad de degustar para el deleite de nuestros paladares.

RUMBO AL PÁRAMO

El jueves 16 de mayo nos concentramos como a las 8 de la mañana en la Plaza Bolívar de Bailadores, seleccionado como punto de encuentro para la caminata por el Páramo de Mariño.

Éramos 7 personas: tres por la Agencia de Viajes Boon Travel: Bonami Candales, su esposa Roxana Molina y un joven llamado Oscar Ramírez, quien les prestó apoyo en la logística para el buen desempeño de nuestro trabajo; Alexis Mora y William Belandria, dos guías de montaña que hacen senderismo, brindan en sus casas de Bailadores el servicio de posadas y ofrecen además los servicios de ecoturismo o turismo de aventura, más Astrid Sosa y yo, Luis Alfredo López, ambos por Parajes Andinos.

Allí nos montamos en una camioneta 4×4 doble cabina del señor Leonardo Morales, dueño de la Posada “Mi Pequeña Villa” ubicada en Bailadores, quien brindó al equipo de Parajes Andinos el hospedaje por 3 días en su posada, colaborando además de manera espontánea con el traslado ida y vuelta de todo el grupo a la cresta de la montaña.

Como pudimos nos montamos en la camioneta, las mujeres subieron a las cabinas y los hombres atrás en la plataforma descubierta, pegados los unos a los otros para mitigar el frío. Nos esperaba recorrer un largo trayecto hasta el Parque Nacional General Juan Pablo Peñaloza, donde se encuentra el Páramo de Mariño.

Comenzamos a subir por la carretera asfaltada rumbo a la frontera de Mérida con el estado Táchira, atravesando muchas fincas con siembras de papa en su mayor parte y alguna que otra finca ganadera. Es común ver a los agricultores arando la tierra o en plena labor de cosecha.

Estancia La Vera Cruz nos engalanó
con su atención, mostrando lo
mejor de sus servicios

Deliciosos medallones… Así nos
consintieron en el Restaurante Zarzales,
Estancia La Vera
Cruz

Posada Mi Pequeña Villa es también
en el pueblo una opción de alojamiento
en cómodas cabañas

Llamó la atención unas hermosísimas casas en ese páramo, unas verdaderas mansiones que son de los llamados “paperos”, porque los agricultores de esa zona ganan mucho dinero con la producción de papa. Así, viendo siembras, ganado, agricultores, pasamos por pequeños pueblos y caseríos como Las Tapias y Las Playitas.

Llegamos arriba disfrutando del frío y con grandes expectativas, justo al lugar donde se encuentra la famosa cruz que limita los estados Mérida y Táchira, es el punto de referencia de la frontera, que está allí desde que se construyó ese tramo de la Carretera Trasandina, aproximadamente en el año 1930.

Al llegar nos bajamos de la camioneta y a tomar fotos se ha dicho, porque el paisaje es verdaderamente hermoso. Quizás el recorrido hasta la cruz haya durado como hora y media.

Unos minutos tardamos en ordenar los equipos, la indumentaria y los alimentos a consumir durante la travesía, nos despedimos del señor Leonardo Morales y comenzamos a bajar por la cresta de la montaña.

BAJADA POR LA CRESTA

Ahora sí entramos al Parque Nacional General Juan Pablo Peñaloza, llamado así en honor a uno de los militares que dirigió varios alzamientos contra la dictadura de Juan Vicente Gómez y falleció confinado en Puerto Cabello en 1932.

Son 127 lagunas aproximadamente que se encuentran en el parque Juan Pablo Peñaloza en un territorio que abarca 753 kilómetros cuadrados, algunas son naturales de formación periglaciar; son los espejos de agua que se hallan en las zonas más intrincadas de la montaña, mucho más adentro, otras son artificiales hechas por los agricultores y ganaderos para sus actividades productivas.

La jornada programada a partir de aquí es larga, fue calculada para un día de muchas actividades, la primera parte del recorrido sería hasta las lagunas principales de Mariño, que son Laguna Brava y Laguna Los Lirios, a una altura de 3.200 metros sobre el nivel del mar, y seguir hasta el poblado de Mariño que se ubica entre los 2.200 a 2.500 metros de altura, donde culminaríamos la jornada y nos irían a buscar en la camioneta para el retorno a Bailadores.

Iniciamos el senderismo partiendo de la zona de los páramos El Batallón y La Negra, hacia el páramo de Mariño, con tiempo estimado en unas 8 horas para hacer el recorrido.

En el trayecto continuamos viendo numerosos parajes típicos de la zona andina, mucha vegetación y siembras de los rubros que se dan en la zona, ganado en la vía, agricultores y niños cuando nos acercábamos a los caseríos; igualmente muchas lagunas; ahora comprendemos la razón por qué llaman al Páramo de Mariño “tierra de lagunas y encantos”.

La Cruz del Límite entre los estados Mérida y
Táchira, punto de partida de nuestra «Una Aventura En»

Todo el equipo sostuvo buen ritmo en la travesía
con gran admiración por la hermosura del
paisaje

La Laguna del Atrancadero, una de las
lagunas artificiales que se logra observar
durante la caminata

El grupo celebrando momentos de
compartir y la alegría de estar en contacto
con paisajes
maravillosos

Los variados cultivos en las laderas
de la montaña nos acompañan
en la larga
caminata

Laguna del Corazón, otras de las lagunas
artificiales que se logran ver durante el senderismo

Duele ver los focos de contaminación causados por
la indolencia de algunos productores del
campo

Es de hacer notar que, aunque es Parque Nacional, la actividad productiva que se realiza aquí está permisada por Inparques porque estos productores tienen en esta actividad agrícola toda su vida, de generación en generación. Su compromiso es no dañar el parque.

Observamos un bosque de pinos en el cual pudimos apreciar con curiosidad unos hongos rojos con blanco, como los de la fantasía de Los Pitufos. El camino por la fila maestra del Parque Nacional es ligero, sin embargo se requiere de un buen calentamiento físico para estar en forma antes de comenzar la travesía. Continuamos hasta llegar a una laguna artificial llamada Laguna del Corazón, que le dicen así por su forma. Los nombres de las lagunas de estos páramos andinos se los ponen los propios habitantes de las localidades según sus vivencias personales.

La variedad de pájaros con sus bellísimos cantos, el verdor de los pinos y ver asomarse el sol por las serranías, convergen en un paisaje tan hermoso que sólo el pintor del universo con sus finos trazos pudo lograrlo.

Sin embargo, un elemento contrastante con esa belleza nos sorprendió en el camino, fue la cantidad de envases vacíos de plástico que pudimos ver en las laderas de la montaña, de herbicidas, insecticidas de uso agrícola y químicos para las siembras, algunos todavía con pequeñas cantidades de tóxicos. Estos envases son lanzados por los agricultores luego que utilizan el producto. Y no fueron cinco potecitos los que vimos, no, fueron montones de potes vacíos que van a contaminar los suelos y los ríos.

A manera de reflexión, no comprendemos cómo los agricultores que se benefician tanto de la madre naturaleza con la posibilidad de sembrar y sacarle provecho a sus cultivos, entonces no cuiden sus tierras. Aquí se presenta una paradoja, por un lado, ellos se oponen a la explotación de unas minas que se encuentran en estos lugares, alegando que van a acabar con la tierra, pero por el otro lado son ellos mismos quienes la están acabando, contaminando los suelos y los ríos.

Pudimos conocer que algunos de estos químicos son muy fuertes, para lograr que el tubérculo sea más grande, crezca más rápido y no le caiga plaga. En fin, para lograr una “cosecha exitosa”.

Continuamos caminando por una carretera de tierra observando los sembradíos, montañas, ganado, caballos y lagunas artificiales que se hicieron para regar las siembras y darle agua a los animales, pero que con el tiempo se han conservado por el clima que es bastante frío y que en épocas de lluvia se llenan poniéndose tan bonitas como las naturales.

El lugar es boscoso, con muchos arbustos de zona fría. Tuvimos la fortuna de probar la “mora salvaje” que se da aquí de manera silvestre, es más pequeña que la mora común y muy sabrosa.

Las moras salvajes nos brindaron
su
sabor casi al final de la travesía

Laguna del Bramador donde hicimos
la primera  parada para hidratarnos

Desde uno de los miradores se
logra apreciar Bailadores

Hicimos parada en un mirador ubicado en un punto del Páramo de Mariño por la vertiente Norte. Desde este lugar se alcanza ver el lago de Maracaibo y cuando hay buen tiempo se puede observar la zona de El Vigía, San Simón, Las González, la Sierra de Perijá e inclusive pudiera observarse también la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia. Luego, hacia la vertiente Sur, por supuesto todo el Valle del Mocotíes, Bailadores, toda la zona de La Capellanía, e inclusive hasta Santa Cruz de Mora y Tovar.

Hasta el momento llevamos varias horas caminando sin contratiempos por subidas y pendientes que pasamos sin mayores dificultades. Seguimos hasta las lagunas artificiales El Atrancadero y El Bramador, el follaje es propio del páramo andino y las flores del frailejón se aprecian más pequeñas. El viento ruge fuerte entre la vegetación, sonido que para algunos de los caminantes les es parecido al de las olas del mar. La temperatura oscila entre los 10 °c.

POR LA RUTA DE BOLÍVAR

Durante la caminata pudimos compartir impresiones con William Belandria, uno de los guías de montaña, quien es nativo de la Guaira, Estado Vargas, que por cierto pasó recientemente a llamarse Estado La Guaira por disposición tomada en sesión ordinaria del Consejo Legislativo del Estado Vargas.

Belandria tiene 12 años viviendo en Mérida donde compró una pequeña parcela hacia los lados de La Capellanía, cerca de la Cascada de Bailadores donde ofrece servicios de posada y ecoturismo o turismo de aventura.

Imponentes y majestuosas montañas rodean y acunan
el hermoso pueblo de
Bailadores

La caminata es ligera y no presenta altas
pendientes, solo requiere de un buen calentamiento

Gala de verdores entre cada sembradío que vamos
apreciando durante el
trayecto. Detrás de estas colinas
se encuentran las controversiales minas de Bailadores

Izquierda a derecha; William Belandria, Oscar Ramírez,
Roxana Molina, Bonami Candales, Alexis Mora;
Astrid Sosa y Luis Alfredo López

Músicos de la zona nos deleitaron durante
nuestra «tarde en el Zaguán»

Se conoce la montaña como la palma de su mano por lo que expresó su disgusto por la conducta de los agricultores con los desechos tóxicos y nos señaló que durante este trayecto es común observar especies vegetales que van desde el Frailejón hasta el Paramillo de Montaña y muchas lagunas del tipo periglaciar. Él nos contó que todas estas rutas fueron las recorridas por Bolívar y sus soldados para llegar a Colombia durante la Campaña Admirable.

Durante la caminata también pudimos conversar con Alexis Mora, quien practica el ecoturismo con mucha mística y pasión. Él es un prestador de servicios turísticos que está al frente del proyecto Posada Ecológica Laguna Azul que se encuentra en Bailadores, es un gran aliado de la agencia de viajes que nos invitó y nos prestó gran apoyo en la logística durante nuestra estadía en Bailadores.

Nos dice que la Posada Ecológica Laguna Azul, se denomina así en homenaje a las lagunas verdi azules de estos hermosos parajes merideños por donde promueve sus actividades de ecoturismo, sirviendo de guía a los grupos de turistas que le soliciten sus servicios.

LAS MINAS

Señaló Alexis Mora que el recorrido es de aproximadamente 12 a 14 kilómetros, que vienen siendo unas 7 horas caminando porque en ese ambiente natural lleno de colores y formas, los excursionistas aprovechan para tomarse sus fotos.

Como conocedor de la zona, también nos comenta lo que está sucediendo con las conocidas minas de Bailadores que se encuentran en pleno Parque Nacional General Juan Pablo Peñaloza, por los páramos El Batallón y La Negra. Estas minas que hasta el momento se encuentran abandonadas están ubicadas exactamente en la aldea Las Tapias del municipio Rivas Dávila, aproximadamente a unos 10 kilómetros al sur de Bailadores.

Según dicen los conocedores del tema, estas minas contienen importantes yacimientos de cobre, plomo, zinc y plata, y que, según exploraciones certificadas por el antiguo Ministerio de Energía y Minas, están estimadas en 2,6 a 3,5 millones de toneladas métricas.

Nos comenta Alexis Mora que recientemente se ha creado mucha incertidumbre en la población porque de nuevo se están ejecutando algunas actividades para una posible explotación de las minas, lo que vendría a afectar esta hermosa tierra de páramos y de gran actividad agrícola.

Contó que la primera vez que se comenzó a hablar de eso fue en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, en la década de los 70, pero entre los años 80 y 90 fue cuando decidieron explotar las minas y eso produjo mucha confrontación. Ahora se retoma de nuevo la posible explotación de las minas y dicen los lugareños que ya están trabajando por la zona de la finca Valle Plateado por donde está la carretera de acceso hacia las minas por el páramo de Veriguata, entre el Páramo la Negra y el Páramo Los Carrera.

Comentó que la gente de Bailadores está muy inquieta. “Dicen que al explotar esas minas todo esto se va a acabar. Ojalá no sea cierto, pero eso está sonando muchísimo, pero hay que tener un poquito de malicia, por cómo están las cosas”, dijo.

 

CONTINÚA EN NUESTRA PRÓXIMA ENTREGA:

 

LAGUNA LA BRAVA

  • Esta laguna la llaman “La Brava” porque en sus aguas han desaparecido varias personas y en torno a estos acontecimientos se ha creado una leyenda.
  • Ahora la laguna no permite que alguien se acerque a su centro, y todo aquel que se ha atrevido a meterse en sus aguas nunca ha vuelto a salir…

EN LA CASA DE AMINTA ARAQUE

  • En la laguna Los Lirios habían dos viejitos así de pequeñitos, de esos que llaman duendes que salían y se sentaban entre los lirios. Una vez llegó un muchacho…

EDUCAR PARA EL TURISMO

  • Como educador, Bonami es del criterio de que se debe fusionar el sector privado con la academia, no solamente desde la UPTM como carrera de Turismo o escuela de Turismo.

RUTA A LA LAGUNA LA VERDOSA

  • Al atravesar el bosque se levanta la neblina como si fuera el telón de algún teatro, y detrás pudimos apreciar la belleza de la Laguna La Verdosa, la cual se le llama así porque su lecho está cubierto de musgo.

TARDE EN EL ZAGUÁN

  • La actividad final la llamamos “Tarde en el Zaguán”, donde nos esperaban con un conjunto musical andino compuesto por violín, guitarra, cuatro y maracas, muy conocido en la región porque acompaña las fiestas de la Romería del Niño Jesús, tradición ancestral de los Andes Venezolanos.