Una visita a Mucuño EL MACHU PICCHU DE MÉRIDA

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Periodista Gilberto López
redaccion@parajesandinos.com.ve

-Prepárense para que conozcan el Machu Picchu de Mérida, dijo con voz fuerte el funcionario de la alcaldía del municipio Campo Elías, cuando el Jeep en el que nos trasladaría desde Ejido al poblado de Acequias, iniciaba el recorrido de los primeros 12 kilómetros de la estrecha vía que pasa serpenteando a través de la majestuosa serranía andina.

-Fíjense bien para que no se pierdan la próxima vez, alertó cuando el vehículo llegó al final de la parte asfaltada de la carretera, exactamente donde se divide en forma de Y, para llevar, a la derecha al pueblito de San José, y a la izquierda hacia Acequias.

En adelante, a partir de la Y, son 28 kilómetros de carretera de tierra y profundos farallones. A medida que avanzamos la vía se torna más angosta, con subidas y bajadas muy pronunciadas, que hacen el recorrido fastidioso para unos, pero divertido y emocionante para otros. Así… poco a poco adelantamos observando la majestuosidad de la montaña y a los intrépidos montañistas que se lanzan en parapente, en franco desafío a la fuerte brisa y a lo intrincado de la serranía. Como se puede notar… No es fácil llegar a Acequias.

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Al final de la carretera
se divide en Y, la vía de la
izquierda es la que conduce a Acequias.
 

 

ACEQUIAS

Salimos a las 7 de la mañana de  Ejido y llegamos a Acequias  pasadas las 10, en un recorrido de 40 kilómetros de carretera, entre asfalto y tierra y eso porque nos paramos varias veces para fotografiar al exuberante paisaje.

Al llegar nos dimos cuenta muy rápido de algunos detalles, que hacen de este lugar diferente al resto de los poblados de la cordillera de los andes, sobre todo a los ubicados en la zona de Mucuchíes. El poblado se encuentra a 2.520 metros sobre el nivel del mar, y las pocas viviendas que hay son muy antiguas y todas pintadas de blanco con techos de teja, ubicadas una al lado de la otra en la única calle del pueblo; donde se destaca la pequeña plaza que exhibe en su centro el busto del Libertador Simón Bolívar y la iglesia “San Antonio de Padua”, patrono y protector del pueblo.

El pueblo parece un
nacimiento con sus casas
muy antiguas y pintadas
de blanco con techos rojos.
 

 

La devoción por los santos y vírgenes forma parte de la vida religiosa de la comunidad, de su día a día y de sus costumbres, de allí que la tradicional fiesta de la paradura del niño, que tuvimos la suerte de ver, es muy peculiar por sus oraciones y cantos. Es inimaginable la antigüedad que deben tener los versos y cánticos al niño Jesús.

El ambiente frío, propio de los páramos y la calma reinante, van de la mano con la manera muy particular de ser de los habitantes, que al parecer son características muy comunes en los pobladores de las serranías: tranquilos, de poco hablar, con preocupaciones puntuales, nada que no pueda ser solucionado por sí solos o con ayuda de un vecino.

La población es tan pequeña que todos se conocen, no llega a 100 personas. Las nuevas generaciones en su mayoría se han ido a otros lugares a estudiar o trabajar, de ahí que se note por la calle el predominio de personas mayores. Todo esto revela mucha unión y una gran convivencia entre los habitantes, que se manifiesta en el buen estado en que se encuentra la única calle, lo bonito de los jardines y el cuidado que sienten por el patrimonio arquitectónico y ambiental de la comunidad. Es muy significativa además la cordialidad, respeto y hospitalidad que ofrecen al visitante.

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La Plaza Bolívar y al fondo
la Iglesia San Antonio de Padua,
patrono del lugar.
 

 

Durante el recorrido por el pueblo conocimos a la señora Eddy Rojas, quien nos atendió en su amplia casa de bahareque, de las primeras construidas cuando se fundó el pueblo. Ella es nativa de Acequias y se fue a estudiar a la ciudad cuando tenía 10 años. Actualmente trabaja con el turismo al punto que es una de las propulsoras del desarrollo de esta actividad en el sector.

Eddy tendrá unos 50 años, es de hablar fluido con marcado acento andino. Durante el desarrollo de la amena conversación se notó que conoce bastante de Acequias. Contó que sus padres nacieron en las ruinas de Mucuño, donde todavía tiene un tío que vive con su familia.

El director de Parajes Andinos,
Luis Alfredo López, en amena
conversación con la
señora Eddy Rojas.
 

 

Contó Eddy que Acequias se fundó en 1847 con unos 700 indígenas provenientes de poblaciones pequeñas como Mucuño, Tostós, Mucufe, (aborígenes de lo que es hoy San Pedro) y Mucuchay. Señaló que el nombre de Acequias proviene de una especie de ducto o tubería de barro por donde los antiguos habitantes de Mucuño trasladaban el agua hasta la aldea.


MUCUÑO

Desde el pueblo de Acequias hasta las ruinas de Mucuño hay como 10 kilómetros de carretera de tierra que se recorren en 45 minutos. El acceso a las ruinas es muy atropellado, pero al llegar al sitio se conecta uno de inmediato con el entorno. Cada paso que damos sentimos que ellas nos van contando su historia. Es impresionante la paz que se respira en el lugar.

El nombre de “Mucuño” es de origen indígena y de acuerdo con algunas versiones que se conocen, así se llamaba el cacique de la tribu, aunque el nombre viene de los aborígenes de la lengua “Muco”, que habitaban por la parte de atrás de la Sierra Nevada, en los llamados “Pueblos del Sur”, de allí se originan los nombres de algunos poblados, tales como Mucutuy, Mucuchachi, Mucuñuque, Mucuteo, Mucutuaro, Mucuchíes y Mucuño, entre otros. Pero en los documentos legales a las ruinas se les llama las Ruinas de San Antonio de Acequias, conocidas como Pueblo Viejo de Acequias, o más comúnmente como “Mucuño”.

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Lo que queda de la iglesia
del segundo asentamiento,
donde se puede notar el.
grosor de las paredes
 

A pesar de ser un sitio abandonado por tantos años, todavía se pueden observar restos de los dos asentamientos indígenas que existieron casi en el mismo lugar. El primer asentamiento data de 1620, en el cual vivían unas 700 personas en un terreno árido y poco productivo. Como consecuencia del terremoto de 1647, que afectó mucho a la serranía, se hundió el depósito de agua que abastecía al poblado y se abrieron grietas muy profundas en el terreno afectando a las viviendas. Vestigios de este terremoto se puede notar en algunas paredes de las ruinas, que en su tiempo fueron construidas con tapias de barro y piedras como de 60 centímetros de ancho.

Esto ocasionó que los habitantes  optaran por construir el otro asentamiento  unos 288 metros más arriba, pero en 1802 hubo otro terremoto que afectó muchísimo esa zona y fue cuando los pobladores solicitaron permiso para mudarse de lugar, cuestión que se efectuó en 1847 para lo que es actualmente Acequias.

El señor Frutuoso Rojas,
último descendiente de
los indios “Mucu”, vive
en las ruinas con su familia.
EL ENCUENTRO

En un rinconcito de las ruinas del segundo asentamiento, para sorpresa de todos, nos conseguimos con el señor Frutuoso Rojas, el tío de Eddy. Él, con su mujer y tres hijos, el menor de 5 años, son los únicos habitantes de las ruinas. Frutuoso es el último descendiente directo de los indígenas “Mucu” que queda vivo. No sabe leer ni escribir, dice que tiene 85 años y desde su nacimiento vive en las ruinas, donde reconstruyó un espacio en el cual tiene apenas lo esencial para albergar a su familia.

Se alimentan de lo que cultivan y de los animales que crían en el lugar, cuya carne cortada en tiras la secan al sol, tal y como lo hacían en tiempos coloniales, porque Frutuoso no tiene nevera, ni cocina. Nunca baja a la ciudad, aunque contó que algunas veces bajaba a Acequias, donde es conocido como “Fruto”, para tomarse unos tragos. Ahora no lo hace por la edad. Compartir con él, en ese ambiente, es llevar nuestra imaginación a tiempos del hombre primitivo.

LA ALTERNATIVA

Acequias se considera como el primer potencial turístico del municipio Campo Elías. El principal atractivo viene siendo las ruinas de Mucuño, las cuales prácticamente no son conocidas, aunque algunos las catalogan como el Machu Picchu de Mérida. “Lo cierto es que son las únicas ruinas que quedan en Venezuela de un pueblo de doctrina de la colonia”, dijo la señora Eddy Rojas, quien señaló además que había un proyecto maravilloso con la Unesco y varias instituciones del país para rescatarlas y preservarlas, “pero eso se quedó en proyecto”, dijo.

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Al lugar le falta
la atención oficial
para convertirlo
en destino turístico
de la zona.

Actualmente las ruinas están en total abandono por el sector oficial, sólo se dan algunas iniciativas de parte de los habitantes de Acequias para mantener limpio el lugar. Hay quienes sostienen que solamente con conservar las ruinas se garantizaría muchas fuentes de empleo y por ende el desarrollo del turismo en la zona, que cuenta además con una gran variedad de sitios, entre ellos la Laguna de las Lajas y el sector San Pedro.

Pero lo cierto es que quienes escogen las ruinas como destino, la comunidad organizada les brinda los servicios de posada, gastronomía autóctona, paseos a caballo o en mula, además de conocer también las historias de interesantes creencias que se dan en este maravilloso lugar. Aunque… la principal actividad económica está centrada en la agricultura.

Desde la orilla
de la carretera todo el
equipo disfruta de la
majestuosidad de la
Cordillera de los Andes.
 

La dirección y redacción de Parajes Andinos expresan su agradecimiento muy especial al alcalde del municipio Campo Elías, Omar Lares, al señor Nelson Calderón  Oficial SAR1 de Protección Civil Mérida; y a la periodista Lic. Vannesa Paredes, por el apoyo brindado para la ejecución de este trabajo.

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